¿Cómo impartimos clase?

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En entradas previas del blog me he detenido en cuestiones relacionadas con las aptitudes que deberían adornar a un profesor universitario o, más concretamente, qué es lo que se le pide (véase este post), cuestión esta de difícil respuesta si tenemos en cuenta la complejidad de las exigencias y entorno “Bolonia”. Me detengo ahora en algo más concreto como la forma de impartir clase, y todo ello a raíz de la lectura de este post (How we teach?) en la que  Frank H. Wu, el decano de la University of California Hastings College of the Law, uno de los gurús actuales de la reforma de la enseñanza legal en los EEUU, hace una serie de consideraciones sobre la forma en la que una clase debería ser impartida, partiendo de una premisa básica: el profundo conocimiento de una materia no necesariamente implica la aptitud de transmitirla o comunicarla.

De este modo, el profesor, junto con un profundo conocimiento de la materia, ha de tener la capacidad de comunicarla, más aun en el seno de un sistema diseñado para la transmisión de competencias que, en cierto modo, mira al modelo socrático como el ideal. El profesor debería ser capaz de crear una dinámica de confianza recíproca con los alumnos, de modo que sea el escenario en el que el conocimiento y las competencias puedan ser transmitidas. Si el profesor no da el salto de experto en la materia, a experto en la materia con capacidad de divulgarla y transmitirla no podrá conectar con el alumno, de la misma forma que es indispensable la colaboración de éste para la creación de dicha dinámica. Me atrevería a decir que el buen profesor (y digo bien, profesor y no investigador o científico), no es necesariamente el que mayor y más rigurosos conocimiento tiene, sino el que es capaz de comunicarlo mejor. Cuestión muy distinta es si el actual sistema promueve la existencia de buenos profesores, buenos investigadores o buenos “gestores de administración universitaria” (o, incluso, tal vez, y sólo tal vez, ninguna de esas cosas).

Os recomiendo una lectura del post, tanto a alumnos como a profesores. Da pie a reflexionar sobre el tema.

 

 

 

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  1. CARLOS GONZÁLEZ 10 dic 2013 | reply

    Como siempre Luis es un placer leer tus comentarios. Como sabes soy tutor-profesor de la UNED, aunque fuí tutor de los nuevos noveles que entraban a formar parte del Bufete Jurídico Marcos García Montes, prestigioso penalista.

    Debo empezar diciendo que estoy totalmente de acuerdo contigo en esta materia y que vamos en la misma línea de cómo deben ser ilustrados los alumnos, becarios y juniors. Añado que el prisma o línea de partida de todo profesor es establecerse/posicionarse en el mismo estatus del alumno, es decir, no imponer que por el mero hecho de ser profesor o senior sabes más que el alumno. Lo más importante en nuestro sector es inculcarles que ellos también son personas pensantes y que su opinión jurídica, debidamente razonada y estructurada, también es válida. Con ello y sin extenderme, veo la enseñanza a las futuras generaciones de abogados como la forma de trasmitir mi experiencia, conocimiento pero fundamentalmente a saber reflexionar, razonar y crear un juicio jurídico propio con fundamentos. Si conseguimos que se sientan tan capaces para razonar jurídicamente como los seniors y profesores, entonces se producirá una implicación por parte del alumno, junior, becario que les posibilitará disfrutar de esta profesión y/o del estudio del Derecho; así entiendo yo esa complicidad y creación de la dinámica en la enseñanza a alumnos y nuevos abogados.

    Un abrazo

    • Luis Cazorla 12 dic 2013 | reply

      Carlos, muchas gracias por enriquecer el blog con tus comentarios. Coincido en todo lo que apuntas, una vez más. Un abrazo.

  2. La complicidad de la que habla Carlos González con los junior es similar a la que un servidor experimenta con los opositores. En la Universidad esto es muy complicado de lograr, pues además de enseñar hay que calificar, y ello introduce un incentivo perverso. Aun cuándo un Profesor sea buenísimo y comprenda y quiera al alumno, pude encontrarse con un alumno que sólo le va a seguir hasta lograr la nota. Separar calificación de preparación introduce una voluntariedad en las relaciones que las hace más sinceras y desinteresadas.
    Con todo, la clave, más que de cabeza, creo que es de corazón: si de verdad se aprecia al alumno, se tiene empatía con él….la conexión es muy fácil, pues los jóvenes son más afectivos, más cálidos, más nobles….pero por ello sólo se dejan arrastrar por lo verdaderamente bueno y grande

    • Luis Cazorla 12 dic 2013 | reply

      Querido Diego, muchas gracias por tomarte el tiempo de comentar. Como bien dices, la relación preparador-opositores es mucho más intensa que la de profesor alumno, por su propia naturaleza. En todo caso, entiendo que el profesor debe ser capaz de atraer con su materia al alumno, hacérsela atractiva y para eso es necesario comunicar bien. Pese a ello, trato de mantener el contacto con quiénes han sido mis alumnos, no hay nada más gratificante que recuerden tus clases y consejos. En una profesión que es totalmente vocacional, esas son las cuestiones que llenan, y la justifican.

  3. Desde mi reciente experiencia al realizar un Master en Derecho Deportivo, he de decir que incluso es más difícil encontrar esos vínculos de confianza cuando la persona que imparte la clase no va a tener más relación con los alumnos que dos o tres horas, diferenciándolo así de los que imparten clases en semestres o cuatrimestres. En algunos casos se convierte en llegar, soltar e irse. El enriquecimiento que obtenemos los alumnos de esas clases de corta duración es conseguir conectar con el profesor para que, a través de experiencias personales o simplemente con las habilidades comunicativas que posea, sean horas provechosas. En este caso, tuve la suerte de recibir unas valiosas clases con usted, las cuales creo que han sido de las más interesantes de todo el año por el instantáneo vínculo que se creó con el grupo con un tema de actualidad, los TPI y los TPO en el mundo del fútbol. Por esta misma razón, creo que la importancia del vínculo hablado anteriormente tiene un valor superior al que se aprecia, ya que en dos horas de clase, si no empatizas con el profesor desde el primer minuto, es tiempo perdido.

    Un saludo.

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