Un borrador de discurso de graduación…

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Os dejo para lo que pueda servir -ojalá reflexión y debate- unas líneas que constituyen un borrador de discurso al que recientemente fui invitado a pronunciar a unos alumnos recién graduados.

“Decana, autoridades académicas, profesores, alumnos y familiares, constituye para mi un honor, una responsabilidad y un motivo de profunda alegría encontrarme hoy aquí pronunciando estas palabras en representación del claustro de profesores. Por ello muchas gracias.

Voy a ser breve porque así me lo han pedido, es lo que corresponde según el protocolo, y porque, fundamentalmente, no es éste momento para aburriros.

Hoy es un día de felicidad y de enhorabuena. Enhorabuena a todos vosotros por la importante meta que habéis conseguido –graduaros-, y, claro está, para vuestros padres familiares novios y novias, que han estado apoyándoos durante todo vuestro trayecto, muy en particular en los momentos menos buenos inevitablemente sufridos. El éxito es fundamentalmente vuestro, pero coincidiréis conmigo que una parte importante del mismo reside en quienes tenéis cerca día a día, tanto ellos como vosotros sabéis lo que os ha costado llegar aquí.

Por otro lado, no me equivoco mucho afirmando que el principal sentimiento del claustro de profesores al veros ahí a todos y todas, es el de profundo orgullo y satisfacción. La URJC que transita con paso firme por la dureza de las circunstancias que rodean a la Universidad Pública tiene su principal activo en su capital humano, el que integra quienes estamos aquí, pero sobre todo quiénes estáis allí. Sois la mejor prueba y ejemplo del trabajo de nuestra Universidad, que celebra hoy la graduación de un grupo de jóvenes con la mejor de las preparaciones, capaces de seguir formándose y preparándose al más alto de los niveles y de acceder al mercado profesional con la mejor de las cartas de presentación. Y, esa visión en un día como hoy es un motivo de orgullo y satisfacción para todos los que de una manera más o menos intensa hemos puesto nuestro granito de arena para que hayáis llegado hasta aquí. 

Dicho lo anterior -agradecimientos y enhorabuenas- que entra dentro de lo lógico en un discurso de estas características y naturaleza, cuando supe de que iba a ser yo quién pronunciase estas palabras, tuve claro que, siguiendo la línea de los clásicos discursos de graduación americanos (recuérdese el muy famoso y comentado discurso de Steve Jobs en Stanford 2005), de cuyas universidades hemos incorporado esta bonita tradición de los actos de graduación, quería hablaros de dos conceptos y reflexiones de rabiosa actualidad, en la esperanza de que os pudieran ser de utilidad.

La primera idea se refiere a la actitud emprendedora con la que os invito a afrontar los nuevos retos. Me refiero al auténtico emprendimiento, no a la burbuja emprendedora que a golpe de Ley nos pretenden inculcar. Me refiero, también, a aquéllo que en no pocas ocasiones se escucha en estos días: “salir de la zona de confort”; en definitiva,  al emprendimiento –que no emprendeduría- que tiene su base en el esfuerzo, en el mérito y en la constancia en el trabajo, virtudes que en el medio y largo plazo permiten alcanzar cualquier meta que os propongáis. Emprendedor es el que teniendo una ilusión, una meta y un objetivo, cualquiera que sea, persigue incansable su consecución a través del esfuerzo, la constancia y la perseverancia.

 La segunda de ellas se refiere a la necesidad de que perdáis el miedo a fracasar o, dicho en otras palabras, a que valoréis el importantísimo valor formativo que el fracaso tiene en desarrollo personal y profesional del individuo.

 En todo caso, me da la sensación que el éxito, concepto ciertamente subjetivo, se encuentra socialmente sobrevalorado, mientras que el fracaso se “demoniza” o “estigmatiza”. No pierdan de vista que detrás de un éxito hay generalmente varios fracasos previos bien asumidos y digeridos, así que hay que perder el miedo a fracasar, lo que muchas veces te impide salir de tu zona de confort.”

El éxito llega -¿qué es el éxito?- después de haber fracasado varias veces, y seguramente sólo es un éxito sólido y estable, si de los previos fracasos se ha sabido extraer lo positivo que nos enseñan. El fracaso tiene un poder formador e instructivo para quién lo sufre en sus carnes mucho más intenso que el del éxito que, en no pocas ocasiones, debilita.

La escritora británica J. K. ROWLLING en el discurso de graduación que pronunció en Harvard (2008), al que podéis acceder fácilmente en youtube, gira en torno al valor formativo del fracaso y a la capacidad creadora de la imaginación.

Destaca ROWLLING que “El fracaso significa un camino hacia lo no esencial (…) y me enseñó cosas acerca de mi misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una fuerte voluntad, y más disciplina de la que esperaba. Y también descubrí que tenía amigos cuyo valor es mucho más alto que el de los rubíes. La noción de que has surgido más sabia y más fuerte desde el fondo significa que estás, para siempre, segura de tus habilidades de sobrevivir. Nunca te conocerás verdaderamente, ni las fortalezas de tus relaciones, hasta que ambas sean puestas a prueba ante la adversidad“.

Pues bien, no quiero alargarme más dado que prometí ser breve; eso sí, quisiera hacerlo con una cita de la escritora americana Elisabeth Kluber-Ross que refleja muy bien lo que os quería transmitir hoy:

“Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado la forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada.

 Nada más, señores y señoras, una vez más enhorabuena, muchas gracias y disfruten de su día que lo merecen.”

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